Por Francisco Alcaide Hdz.
Ganar es una decisión consciente; perder es una decisión inconsciente. Dicho con otras palabras: estamos programados para perder. Sí, como lo oyes, suena fuerte, pero es así: el miedo a perder puede mucho más que el deseo de ganar.
La explicación es sencilla. Nuestro cerebro es producto de la
evolución de millones de años y es la suma de 3 cerebros, o mejor dicho,
un cerebro con 3 partes, el cerebro triuno:
1. Cerebro reptiliano (institivo): es el encargado
de lo más primario, la supervivencia. Regulas las funciones más básicas,
lo más elemental para existir y está a pleno rendimiento en los
momentos de peligro. Apareció hace 500 millones de años.
2. Cerebro límbico (emocional): es el encargado de regular las emociones, la memoria y las relaciones sociales. De él nacen el afecto, la alegría o la ira, entre otras. Surgió hace unos 50 millones de años.
3. Cerebro neocórtex (racional): es el encargado del análisis y el razonamiento. De él nace las funciones de hablar, leer o realizar operaciones. Emergió hace 3 millones de años.
Como habrás podido comprobar, estos 3 cerebros han evolucionado en el orden expuesto, y han ido desarrollándose y superponiéndose el uno sobre el otro como capas de cebolla según las necesidades de cada época. Las capas más antiguas, dado que perviven desde hace más tiempo, tienen más poder sobre cada uno de nosotros. Por eso, muchas veces, aunque tu razón te diga que debes hacer algo y que quieres hacerlo, no puedes. Te domina tu parte más institiva, la más antigua.
Esa parte más primitiva está basada en el instinto de supervivencia. La vida, hace millones de años, era sobrevivir o morir. En esa época existían múltiples amenazas de todo tipo, y por tanto, todo se basaba en ser capaz de mantenerse con vida, luchando o huyendo.
Tal vez te preguntarás que el mundo no es hoy como era, y es cierto, el problema es que los cambios sociales van mucho más rápidos que la velocidad a la que se adapta el cerebro. Y eso quiere decir que, aunque muchas amenazas no son tales, el cerebro sigue actuando como si lo fueran, en modo instintivo, en modo supervivencia, en modo protección.
Por eso, como hemos dicho antes, el miedo a perder puede mucho más que el deseo de ganar. Ese cerebro instintivo, fuertemente anclado en nuestro insconsciente, es ese pepito grillo que cada vez que tienes un proyecto o sueño que te se seduce, se encarga de cortarte las alas; se encarga de recordarte que estás loco, que dónde vas, que quién te has creído, que no seas ingenuo, que no te compliques la vida… ¿Te suena? Claro que te suena…
2. Cerebro límbico (emocional): es el encargado de regular las emociones, la memoria y las relaciones sociales. De él nacen el afecto, la alegría o la ira, entre otras. Surgió hace unos 50 millones de años.
3. Cerebro neocórtex (racional): es el encargado del análisis y el razonamiento. De él nace las funciones de hablar, leer o realizar operaciones. Emergió hace 3 millones de años.
Como habrás podido comprobar, estos 3 cerebros han evolucionado en el orden expuesto, y han ido desarrollándose y superponiéndose el uno sobre el otro como capas de cebolla según las necesidades de cada época. Las capas más antiguas, dado que perviven desde hace más tiempo, tienen más poder sobre cada uno de nosotros. Por eso, muchas veces, aunque tu razón te diga que debes hacer algo y que quieres hacerlo, no puedes. Te domina tu parte más institiva, la más antigua.
Esa parte más primitiva está basada en el instinto de supervivencia. La vida, hace millones de años, era sobrevivir o morir. En esa época existían múltiples amenazas de todo tipo, y por tanto, todo se basaba en ser capaz de mantenerse con vida, luchando o huyendo.
Tal vez te preguntarás que el mundo no es hoy como era, y es cierto, el problema es que los cambios sociales van mucho más rápidos que la velocidad a la que se adapta el cerebro. Y eso quiere decir que, aunque muchas amenazas no son tales, el cerebro sigue actuando como si lo fueran, en modo instintivo, en modo supervivencia, en modo protección.
Por eso, como hemos dicho antes, el miedo a perder puede mucho más que el deseo de ganar. Ese cerebro instintivo, fuertemente anclado en nuestro insconsciente, es ese pepito grillo que cada vez que tienes un proyecto o sueño que te se seduce, se encarga de cortarte las alas; se encarga de recordarte que estás loco, que dónde vas, que quién te has creído, que no seas ingenuo, que no te compliques la vida… ¿Te suena? Claro que te suena…
Ante esa presión salvaje del cerebro reptiliano, el 99% de la gente
acaba por coger la alternativa más segura, la más fácil, la más cómoda,
la que genera menos incertidumbres. Es una opción válida también, el
problema es que la experiencia demuestra que a menudo esta alternativa
genera muchas frustraciones. Estás cómodo, dominas tu rutina, sabes cómo
moverte… pero no te convence, no estás satisfecho, no es lo que quieres
en verdad… Te gustaría “lanzarte” a ese proyecto, a esa aventura que te
merodea por la cabeza desde hace tiempo, pero no das el paso. Estás
frenado, agarrotado, amedrantado. El pepito grillo te atormenta. Ya lo dijimos en el post La magia de pensar a lo grande: «Los
pensamientos negativos son una especie de suicido espiritual». Te
dominan; te hacen suyos; te someten. Los pensamientos negativos son una
especie de monstruos mentales que te hacen creer que eres un Don Nadie,
poquita cosa, pecata minuta…
Este tema Elsa Punset (@elsapunset), experta en gestión de emociones y autora de tres excelentes libros, Una mochila para el Universo (su última obra), Brújula para navegantes emocionales e Inocencia Radical: la vida en busca de pasión y sentido, lo expresa bien:
«Las emociones negativas nos sirven para salir airosos de entornos hostiles, amenazantes, peligrosos. Si existen es por algo. El miedo nos permite huir ante la amenaza de un depredador; la ira defender a nuestros seres queridos en ciertos contextos. El problema es cuando esas emociones cobran vida en otro entorno distinto al que deberían ser. Cuando la imaginación nos pone en la peor de las situaciones. Es decir, no sólo nos estresan las situaciones objetivamente peligrosas».
Y añade:
«Somos emocionalmente negligentes. No se trata de sobrevivir a la vida, sino de disfrutarla. Somos supervivientes y podemos salir adelante en circunstancias difíciles, pero eso no es disfrutar de la vida. La tendencia evolutiva del ser humano es ser infeliz, es decir, estar dominado por el miedo, la ira, el dolor. Ser feliz es costoso. Hay que entrenar el cerebro en positivo. Conocer nuestras emociones nos ayuda a controlar mejor nuestras ansiedades».¿Qué puedo hacer?
Es la pregunta inmediata y lógica: ¿Qué puedo hacer para que no me
ocurra? Si quieres ganar, tendrás que luchar contra ti mismo, contra tu
esencia más profunda para desmantelar todas esas creencias incrustadas
en tu inconsciente y reponerlas por otras.
El camino, como todo trayecto retador, no es fácil, pero merece la
pena. Es tu felicidad lo que está en juego. Exige actitud por querer
cambiar, saber cómo funciona la mente, aprender cómo cambiar, practicar
lo aprendido y no venirse abajo cuando los momentos de debilidad, dudas y
bajones hacen acto de presencia, y seguir para delante. Recuerda: Life begins at the end of your comfort zone… O como dijimos en el post Si no luchas por tus sueños, acabarás luchando contra tu realidad, «hay que tener mucho coraje para vivir la vida que uno quiere».
Y conviene comenzar cuanto antes. El tiempo corre… o vuela… y no vuelve… tic-tac, tic-tac, tic-tac… Te dejo 2 entrevistas con Elsa Punset (@elsapunset): la primera en El Mundo y la segunda en La Voz de Galicia. No te las pierdas.ESte Articulo es un corta y pega de MiJuchipila.com pero juraria que antes lo ví en algun otro sitio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario